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Las ferias populares y barriales no son una novedad. En esta editorial haremos un análisis de la evolución de una verdad incomoda y que alumbra la falta de políticas micro económicas para una sociedad que desde que tiene memoria vive en crisis.

si bien sus orígenes se remontan  a muchas décadas atrás, el formato tal cual lo conocemos en la actualidad se remite a la crisis de finales de los 90 y principios del 2000, donde ante la grave situación económicas y producto de las políticas neoliberales de la década menemista, las personas ante la necesidad de llevar un plato de comida a sus hogares ( recuérdese que en dicha época la asistencia social era ínfima y no tal cual la conocemos hoy en día) recurrieron a los orígenes del comercio: el trueque, donde cada persona se reunía en los puntos más emblemáticos de las barriadas para llevar productos que no consumían para intercambiarlos por aquellos que necesitaban en el día a día. Gracias a esta forma de economía primitiva e informal toda una generación pudo con nula o pequeña ayuda por parte del Estado paliar una situación de crisis económica donde el nivel de recesión y desempleo llego a picos históricos.

Lo que pareció haber quedado atrás resurgió, tal vez para recordarnos que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla, de un tiempo a esta parte. Pero esta vez no solo para paliar una crisis alimentaria de primera necesidad solamente sino como forma de vida ante la situación económica que vive nuestro país nuevamente, ya no gracias a políticas económicas neoliberales, porque con la salvedad de un periodo de 4 años de gobierno de derecha encabezado por el ingeniero Macri, los 18 años restantes se enorgullecieron de declararse a viva voz su origen nacional y popular donde el Estado debía ser el papa que debía cubrir todos los gastos de sus hijos habitantes. En fin el resurgimiento con más fuerza que nunca ya atraviesa y los hace miembros de estas monumentales ferias populares a todas las clases sociales. En dichos pasillo podemos encontrar desde un paquete de harina hasta autos y motocicletas, pasando desde una remera agujereada hasta un traje de diseñador. Y que es lo que caracteriza a estas ferias populares? La autogestión y estar fuera de las garras del Estado que intervine y regula para restringir y no para el desarrollar a las personas. Tal vez esta característica de encontrase al margen del Estado es la garantía de este éxito que desarrollan estos shopping del pueblo pero que estén al margen de las regulaciones  no las en un lugar donde prime la anomia ya que sus miembros tienen sus propias reglas donde las costumbres y el respeto mutuo son los principios basales de los cuales se nutren sus propias normas.

En nuestro distrito tenemos dos grandes ferias populares que tienen tal envergadura e importancia que ya han traspasados los límites de su existencia y conocimiento más allá de José c. paz al punto que grandes influencer de las redes sociales las visitan para recorrerlas y ver en primera persona este fenómeno de la economía y del cual gracias a su funcionamiento los fines de semana miles de familias de la recién tienen su sustento en el día a día.

Tanto la “feria de los cartoneros” (pionera) como la pujante y en constante crecimiento “feria del zanjón” semana tras semana reúne a miles de personas que llevan sus productos y los ofrecen en al mejor postor en las mayorías de las veces, capitalismo puro donde la oferta y la demanda es la que regula estos mercados tan informales como efectivos y que al contrario de los que muchos creen se maneja millones de pesos cada día que funciona. Me atrevo decir sin miedo a exagerar que el producido de dichos intercambios las coloca en la actividad que más dinero maneja en el distrito paceño. Como a modo de broma los concejales (alguno de los cuales también se acercan a vender sus productos ya que al parecer la crisis también ha llegado a la política local) tendrían que considerar llamar a algún referente de tales ferias a la sesión de grandes contribuyentes.

Volviendo al rol pasivo que tiene el estado municipal en dichas ferias, no estaría mal pensar que dicha pasividad se debe a que esta es la única manera de contención social ante un eventual estallido social, que tienen las autoridades para evitar que tal situación angustiante de crisis económica que atravesamos se incremente y se torne ya insostenible principalmente para las personas en situación de vulnerabilidad la cual es la mayoría de la población de la región y el partido de José C. Paz.

Para cerrar este análisis, para que el Estado no se rompa y se pongan en jaque las instituciones como ocurrió en los años 2001 la mejor forma que tiene el estado de intervenir es no intervenir pero la pregunta que nos tenemos que realizar es la siguiente: ¿hasta cuándo las ferias populares van a ser el muro de contención social ante la grave crisis que atravesamos?

Miguel G. Martinez

 

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