Para entender lo que está sucediendo con el precio de los combustibles en Argentina, debemos revisar desde la salida de la convertibilidad hasta las modificaciones generadas por la Ley Bases.
Durante la convertibilidad el precio de las naftas en nuestro país estaba en el orden de los $0,95 y como el valor del dólar era de $1,00, el precio era de 0,95 centavos de dólar.
A principios del 2002 salimos de la convertibilidad y el dólar pasó a un valor de $3,00, en el medio llegó a superar los $4.00, para mediados del 2003 el dólar se había estabilizado en $3,00, con lo cual el precio de la nafta rondaba los 0,40 centavos de dólar.
Con la llegada del nuevo gobierno la política energética tomó la posición de intervenir todos los precios y obligar a las petroleras a respetar esa política de precios máximos. Vale la pena recordar que el Estado argentino no poseía ninguna empresa petrolera.
Podríamos decir que haber estirado durante tantos años esta situación de fijar precios máximos nos llevó a una desinversión en todo el sector petrolero desencadenando en una crisis por falta de petróleo.
En ese momento, gobierno de CFK con Axel Kicilof a cargo de la cartera de economía, decide la famosa estatización del 51% de las acciones de YPF, esto permite comenzar un desarrollo de nuevas explotaciones, fundamentalmente Vaca Muerta y algunas otras inversiones en exploración.
Desde ese momento al contar con el manejo de una petrolera estatal el gobierno podía manejar el precio de los combustibles sin necesidad de fijar precios máximos, ya que si el resto de las petroleras aumentaban los combustibles el público decidiría comprar en YPF que ahora era manejada por el estado
Luego comienza el periodo presidencial de Mauricio Macri, en cual ni bien asume la decisión fue liberar el tipo de cambio y producir una desregulación de las tarifas de los servicios públicos. Sin entrar mucho en detalle durante ese gobierno se produce una fuerte pérdida del valor del peso frente al dólar que con la liberación de precios genera incrementos muy importantes en todos los derivados del petróleo.
Luego llega el gobierno de Alberto Fernández, golpeado por la pademia y la guerra entre Rusia y Ucrania.
Corria el 2020, el precio del petróleo seguía en alza y era necesario tomar medidas para atenuar esos impactos externos. La secretaría de energía crea el “barril criollo” el cual sería el punto de referencia para el precio del petróleo en el mercado interno. El precio del barril criollo se fijaba con el costo de producción de YPF más un margen razonable de ganancia en la industria dedicada a la extracción de petróleo.
Esta modalidad aseguraba un margen lógico para las petroleras, era atractivo para las provincias petroleras porque permitiría cobrar un valor previsible por las regalías, las provincias que reciben regalías no aceptaban volver a un sistema de congelamiento de precios y el barril criollo era una buena alternativa ya que además de fijar un tope por el costo de producción de YPF, fijaba un precio sosten que no podía bajar de los 44 dólares por barril. También aseguraba el volumen para abastecer el mercado interno, permitiendo a las petroleras exportar solo los excedentes a precios del mercado internacional pagando una retención para mejorar la recaudación fiscal.
Recorridos casi 25 años de historia y con Javier Milei como presidente llega la sanción de la Ley Bases, la cual elimina todo tipo de restricción en la fijación de los precios de los combustibles para el mercado interno, libera todos los cupos de exportación y elimina las retenciones por exportaciones.
El resultado de todo esto es que hoy tengamos un precio para las naftas que ronda 1,54 dólares por litro.
Si comparamos los precios actuales contra los valores durante la convertibilidad el aumento es del 62% y si lo hacemos contra el valor histórico durante el periodo de estricto control de precio o luego de implementado el “barril criollo” el aumento es del 285%.
Una verdadera pena que la mayoría de la población no entendía que el fundamento del “barril criollo” era evitar en el mercado interno el impacto de los vaivenes internacionales como una guerra, una situación de inestabilidad externa o una brutal devaluación como la que se realizó a fines del 2023.